Cuando el edificio posee alrededor de 50 o más pisos de altura y las cargas a las que estará sometida la estructura son muy grandes, los sistemas tubulares simples ya no son capaces de resistir dichas solicitaciones. En estos casos se logra optimizar la estructura al introducir muros de concreto en el interior de la planta, que usualmente encierran a las escaleras o ascensores formando los núcleos de circulación vertical.
La interacción que se produciría entre el núcleo central de circulación y las columnas de borde se daría gracias al entrepiso rígido. En este caso, el momento de volteo que se produciría debido a las cargas laterales de viento o sismos sería resistido en una parte por el núcleo central y otra buena parte lo resistiría el par que se origina en las columnas opuestas de la fachada, produciéndose en ellas tracción y compresión respectivamente. De esta forma actúa el sistema conocido como tubo en tubo.
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